
Muchas personas se conmueven al ver niños que viven bajo riesgo social, y muchas veces tratan de imaginarse lo doloroso que debe ser vivir en condiciones precarias, miran hacia el lado y ven a sus hijos y suspiran pensando: "gracias a Dios mi hijo no esta en ese lugar".
Vivo en una población, llena de barrios populares, donde muchas veces se escuchan las escopetas y en ocasiones sentí como los perdigones caían en el techo de mi casa y pienso en que hace tiempo atrás esos "delincuentes" como los llaman los vecinos eran inocentes niños carentes de amor.
Por todo lo anterior es que año a año un grupo de jóvenes tiene la misión de darle amor, comida y entretención a estos pequeños, quizás no es mucho, pero nosotros somos los que salimos mas fortalecidos y llenos de vida y amor cuando les regalamos una semana completa de nuestra juventud.
Me siento orgullosa de poder coordinar esta actividad y mas aun de que Dios me haya puesto en un barrio popular y crecer entre gente de población, porque en las poblaciones es donde se encuentran los grandes tesoros de nuestro país.
En la foto de arriba el grupo Ben 10 de niños de diez años, uno de los 10 grupos de trabajo que tuvimos este año durante las misiones de verano en mi parroquia.
Se agradecen las donaciones de algunas empresas privadas para poder realizarle la once de despedida a estos 150 niños que viven en riesgo social.
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